lunes, 23 de abril de 2012

Crítica a Nadar como perro: luchar contra la corriente

Las relaciones de pareja siempre dan pie a un universo de interpretaciones que ayudan a entender el sentido de la condición humana. Esto es lo que se propone demostrar la obra Nadar como perro, texto teatral de Reto Finger y dirigido por Carlos Acosta; con las actuaciones de Maribel Toledo-Ocampo (Carlota), Carlos Acosta (Roberto), Norka Ramírez (Ingrid), Mijail Garvich (Víctor) y Luis Alberto Urrutia (Juan). El drama nos presenta las consecuencias generadas tras la imprevista decisión de Carlota de terminar su relación con Roberto, pese a la estupefacción e inicial negación de este. El rompimiento lleva a Carlota a una serie de relaciones sentimentales tormentosas, con la intención de rehacer su vida; pero a su vez, ella intenta llevarse bien con su ex pareja. Además, estos conflictos están rodeados por la presencia casi constante de la amiga común de la pareja: Ingrid, quien además de ser testigo, quiere desesperadamente darle un sentido a su propia vida, a través del vínculo que tiene con Carlota.

La sala del Mocha Graña es poco acogedora, pero pese al amplio espacio de la sala, esta no es aprovechada adecuadamente en la disposición de los elementos de la obra. Se usa con demasiada insistencia los mismos espacios marcados en escenas iniciales, y no se traza una clara diferenciación entre lugares que resaltan por su contraste, no solo espacial, sino también simbólico (el ejemplo más claro: la cocina y el sótano).

Las actuaciones de los actores se presentan de modo bastante irregular. Por un lado, los protagónicos suponen un gran contraste, ya que si bien el trabajo de Acosta destaca enormemente, el desempeño de la periodista Toledo-Ocampo es muy flojo, lo que genera un mal contrapeso en las escenas donde ambos participan. A su vez, al tomar el papel del personaje principal, pues finalmente todos los demás giran y se justifican a partir de ella, la relación que sostiene con los demás se ve afectada a tal punto que las escenas pierden intensidad dramática. Por otro lado, es elogiable la actuación de Norka Ramírez, Mijail Garvich y Luis Alberto Urrutia, aunque este último, particularmente, no me llegó a convencer, por ser el que menos plantea una actitud contundente. A grandes rasgos las actuaciones dejan un sinsabor que impide hacernos sentir realmente complacidos, sobre todo al tratarse de conflictos amorosos, tema que involucra al común de la gente. Los roles de los actores se ven bastante afectados por la poca versatilidad de Toledo-Ocampo, además de que en sí el texto de Finger presenta escenas muy cortas que se suceden rápidamente. Por ello, quizá los defectos del montaje también se deben a la difícil pieza del autor. Asimismo, solo se perciben momentos un poco intensos en las escenas más conflictivas.

Lo más destacable, en conjunto, se encuentra en la presencia de ciertas escenas irónicas que muestran las incoherencias de las relaciones de pareja. Sin embargo, el sentido principal de “nadar como un perro”, es decir, no saber cómo afrontar lo que nos depara el futuro y simplemente actuar sin tener en claro las cosas, no llega a rastrearse de modo cabal en la puesta en escena; por el contrario, solo se distingue en cierto modo el rebajamiento y el patetismo de Roberto ante la nueva vida de Carlota.


No hay comentarios:

Publicar un comentario