Las
relaciones de pareja siempre dan pie a un universo de interpretaciones que
ayudan a entender el sentido de la condición humana. Esto es lo que se propone
demostrar la obra Nadar como perro, texto
teatral de Reto Finger y dirigido por Carlos Acosta; con las actuaciones de
Maribel Toledo-Ocampo (Carlota), Carlos Acosta (Roberto), Norka Ramírez
(Ingrid), Mijail Garvich (Víctor) y Luis Alberto Urrutia (Juan). El drama nos
presenta las consecuencias generadas tras la imprevista decisión de Carlota de
terminar su relación con Roberto, pese a la estupefacción e inicial negación de
este. El rompimiento lleva a Carlota a una serie de relaciones sentimentales
tormentosas, con la intención de rehacer su vida; pero a su vez, ella intenta
llevarse bien con su ex pareja. Además, estos conflictos están rodeados por la
presencia casi constante de la amiga común de la pareja: Ingrid, quien además
de ser testigo, quiere desesperadamente darle un sentido a su propia vida, a
través del vínculo que tiene con Carlota.
La
sala del Mocha Graña es poco acogedora, pero pese al amplio espacio de la sala,
esta no es aprovechada adecuadamente en la disposición de los elementos de la
obra. Se usa con demasiada insistencia los mismos espacios marcados en escenas
iniciales, y no se traza una clara diferenciación entre lugares que resaltan
por su contraste, no solo espacial, sino también simbólico (el ejemplo más
claro: la cocina y el sótano).
Las
actuaciones de los actores se presentan de modo bastante irregular. Por un
lado, los protagónicos suponen un gran contraste, ya que si bien el trabajo de Acosta
destaca enormemente, el desempeño de la periodista Toledo-Ocampo es muy flojo,
lo que genera un mal contrapeso en las escenas donde ambos participan. A su
vez, al tomar el papel del personaje principal, pues finalmente todos los demás
giran y se justifican a partir de ella, la relación que sostiene con los demás
se ve afectada a tal punto que las escenas pierden intensidad dramática. Por
otro lado, es elogiable la actuación de Norka Ramírez, Mijail Garvich y Luis
Alberto Urrutia, aunque este último, particularmente, no me llegó a convencer,
por ser el que menos plantea una actitud contundente. A grandes rasgos las
actuaciones dejan un sinsabor que impide hacernos sentir realmente complacidos,
sobre todo al tratarse de conflictos amorosos, tema que involucra al común de
la gente. Los roles de los actores se ven bastante afectados por la poca
versatilidad de Toledo-Ocampo, además de que en sí el texto de Finger presenta
escenas muy cortas que se suceden rápidamente. Por ello, quizá los defectos del
montaje también se deben a la difícil pieza del autor. Asimismo, solo se
perciben momentos un poco intensos en las escenas más conflictivas.
Lo
más destacable, en conjunto, se encuentra en la presencia de ciertas escenas
irónicas que muestran las incoherencias de las relaciones de pareja. Sin
embargo, el sentido principal de “nadar como un perro”, es decir, no saber cómo
afrontar lo que nos depara el futuro y simplemente actuar sin tener en claro
las cosas, no llega a rastrearse de modo cabal en la puesta en escena; por el
contrario, solo se distingue en cierto modo el rebajamiento y el patetismo de
Roberto ante la nueva vida de Carlota.

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