sábado, 26 de mayo de 2012

Crítica a Divina Sarah, Memorias: el teatro como memoria activa


Hace no mucho tiempo un nuevo espacio teatral ha aparecido en Miraflores. Se trata del acogedor Teatro de Lucía, cuya primer estreno ha sido Divina Sarah, Memorias,  obra original de John Murrel, con la dirección de Ruth Escudero. La obra nos presenta las reveladoras conversaciones entre Sarah Bernhardt (Lucía Iriarte), famosa y singular actriz europea, y su mayordomo Georges Pitou (Hernán Romero). Sarah intenta preservar su memoria por medio de unos diarios, por eso le pide a su mayordomo que tome nota y ordene todo lo que ella recuerde a través de sus distintas evocaciones.

La obra nos transporta a la casa de Sarah y su extraño espacio privado, donde solo mantiene un fuerte lazo con Pitou. El escenario recrea apropiadamente el ambiente, pese a no ser muy extenso. La musicalización contribuye a contextualizar la vida hogareña de Bernhart; asimismo, las luces son muy bien empleadas para enfatizar los momentos más dramáticos en las crisis que padece la actriz. Por otro lado, no cabe duda de la extraordinaria calidad de ambos actores para representar sus papeles; pero creemos que Hernán Romero tiene un poco más de mérito por la difícil tarea que desempeña la figura de Pitou: representar distintos personajes importantes en la vida de la actriz para ayudarle a recordar momentos determinantes de su vida. Asume el rol de seres graciosos y ciertamente ridículos, y también de personas ilustres como Oscar Wilde.

El transcurso de los hechos se vuelve un poco denso por momentos, ya que al tratarse de constantes recuerdos, ciertas partes de la obra se hacen recurrentes, sobre todo en el primer acto; pero en la segunda parte, nos sorprende la intensidad de muchos momentos dramáticos, los cuales llegan a puntos concretos de reflexión sobre el rol del artista y su visión en torno a la sociedad. En este sentido, al margen del interés personal de Sara por establecer sus memorias, la puesta en escena demuestra la relevancia del teatro como discurso crítico y observador de su propia realidad. Sarah y Pitou nos transmiten la vida de la actriz a través de un conjunto de hechos teatrales que forman una metatextualidad, sea porque efectivamente la actriz siempre asumió su rol actoral como un modo de mantenerse viva frente a las adversidades, o porque solamente a través del discurso teatral se mantienen vigentes las figuras representativas del arte del siglo XIX.

Personalmente creemos que la puesta en escena actualiza un tema fundamental para la época contemporánea: la posición del artista frente a la sociedad y su intento por no quedar en el olvido. Si bien los personajes mencionados responden a un contexto decimonónico, la obra presenta momentos singulares donde los artistas cuestionan el rumbo que está tomando su sociedad, y  lo hacen de modo directo al público; este hecho, marcando las distancias, supone que en la época actual está en manos del espectador la posibilidad de devolverle al artista la relevancia que alguna vez tuvo. Entonces, aunque para un público común es meramente ameno observar los roles que asumen los personajes según los recuerdos de Sarah, consideramos que detrás del mero placer hay una crítica convincente hacia la actitud del espectador. Esta es la sensación final que tenemos al salir extasiados de una muy interesante obra.


 

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